miércoles, agosto 30, 2006

lejos ya ....

Llegué por la noche, y al llegar lo encontré. Es maravilloso saber que usted me aguarda. Todo lo que miro, toco y siento, es usted... está en el aire. Se respira distinto con el pecho apretado. Porq usted sabe estar donde lo quiero, cuando lo quiero. Llegué por la noche, y al llegar me encontré con un amigo suyo. Del que no me había hablado y que se muestra y lo nombra. Este horizonte, que vibra en un color distinto cada vez, posee, sin embargo, la peculiar habilidad de tejer en mentes propias y ajenas una suerte de calidoscopio tenaz, pleno de irreverencia (lo pienso y sin pensarlo te recuerdo). A mí, por ejemplo, me hace creer en copos de azúcar con formas extravagantes. Me hace creer, también, y esto es lo único que voy a decir, en un poema inconcluso garabateado sobre la arena. Pero volvamos a su amigo. Al principio creí entender q me hacía preguntas, como si yo pudiese decirle algo nuevo. Supuse que tenía su fe puesta en algún mandato q usted olvidó darme; en alguna anécdota q de mi boca saliera y le hablara de usted; como un amanecer en su cama o un cigarrillo agonizando en la azotea. Nada de eso. Su voz no construye interrogantes. No dibuja rimas. No articula frases, siquiera. No reclama. No propone, invita. De madrugada su verso es un murmullo, por la tarde, un clamor; por la noche, un llanto. Su amigo lo llama, Marcelo. Lo extraña, Marcelo. De regreso le llevo su ofrenda de lagrimas deshecha en mis pies. (diciembre 3 2005 ) Carolina Perez